Avatar agnóstico
Soy la rebuscada metáfora escrita en
la espalda hueca de una hormiga cósmica,
Soy la voracidad perpetua del león acorazada
en el frágil aleteo de un colibrí,
Soy el silencio que se enclaustra como mar,
refugiado en la paciencia de una montaña,
Soy el delicado tacto de un ciclo de alba
y crepúsculo soñando la risa de un niño.
Dios es la contradicción, la lógica,
la feligresía flagelada, un sueño pertinaz,
el encantamiento masificado, la gloria,
la redención sumisa, la sinrazón, la fe razonada
La razón en la duda de Descartes,
el pensamiento de retórica tramposa de Santo Tomás,
La naturaleza providencial de Kant, una diáspora, un cisma,
la protesta de Lutero, lo inaccesible, lo quimérico,
lo pantanoso, lo prodigioso, lo imaginario, lo universal,
lo eterno, lo humano. Dios es todo y nada a la vez.
Y yo por mi parte debo confesar:
Que creo más en la humanidad de Cristo que en su “pasión” o su “sacrificio”
En la insumisión árabe, que en las tertulias de Mahoma y el arcángel
En la letanía de Moisés que en sus “mandamientos”
En la telaraña que corona con polvo la cabeza herrumbada
de alguna figura en una capilla olvidada, que en el santo
Yo vivo sin un Dios, sin la necesidad de saberlo
Sin su complejidad, sin su incertidumbre, sin su castigo
Sin su paraíso, he aprendido abrazar mi existencia, la decoro
Con mi saber limitado, con mi ciclo efímero, con mi humanidad
Con la posibilidad de ser el sueño que se resguarda en un sueño,
La percepción que se reverbera en el espejo que es el reflejo de otro
Vivo por la bondad de un microbio, de un volcán, de un zafiro,
de una bestia, de una roca, del aire, de la lluvia, del fuego,
de algún mineral, me hallo inmerso en la lógica irrazonable
y etérea de una providencia disfrazada de azahar,
que está más allá de todo lo imaginable, de estas palabras,
de mi existencia, de una plegaria, de una devoción,
de algún libro sagrado, tan lejana se encuentras ésta lógica,
que no me interesa alcanzarla, ni siquiera tener algún falso
vestigio de su comprensión, yo prefiero mirarme en el reflejo de un lago,
jugar con los gritos ahogados de alguna ciudad,
aullarle a alguna Diana de concreto, coexistir con mis penas,
con mis gozos, con mis pasiones, con mi humanidad y todo lo que ella implique
trascender en mi período, en mi espacio, en mi tiempo, en mi ciclo...